jueves, 16 de julio de 2009

Santa Fé - Córdoba Marzo 2009


Nunca comienza cuando comienza una historia, siempre hay un antes, y un antes de ese antes que comenzó antes del comienzo. Así como termina mucho después de que termina y el después es tan largo que eso de que acá hasta allá y de allá hasta acá no hay forma de hacerlo sino es por capricho, arbitrariedad, antojo o fechas y a sabiendas de que hay tanto que quedará afuera, tanto que no se va a contar.
Pero bueno, el desde acá podría comenzar un 27 de febrero de 2009 que comenzaban mis vacaciones, pero también se podría buscar el origen en diciembre cuando me dieron la moto y descubrí que aquellos viajes soñados en una bicicleta se podían realizar mejor con una moto, o cuando tenía 10 años y mi ciudad era un mapamundi a descubrir en una bicicleta y me creía aventurero por recorrer barrios que no conocía, y ya viajar era uno de mis sueños, claro que no había tarjeta verde, seguro, ni nada de eso en aquellos lejanos tiempos de mi niñez, pero ahora sí había que retirar los papeles y en el registro una señorita poco amable me dice, con cara de vinagre en la boca, que faltaba mi fecha de nacimiento en uno de los formularios y hay que esperar 3 días, y bueno, qué se le va hacer, a esperar y a revisar si falta algo, y a ser paciente, que por algo será, y todo eso que te dicen cuando te preguntan ¿por qué no te fuiste?.
Y para el 2 de marzo vuelvo a presentar mi mejor sonrisa en la oficina correspondiente y la misma señorita me mira y me dice que no, que no están porque faltaba una fecha en los formularios de venta de la moto, ¿y por qué no me lo dijo hace tres días? Y ella se de vuelta y le dice a otra, No sé por qué no le pagan a un gestor y no nos vienen a joder a nosotros, y yo que le quería disecar el hígado y yo que voy a la concesionaria, y de nuevo a verla y presentarle todos los papeles y le pregunto si ya está todo en orden, y ella me dice, En 72 horas, ¿Pero está todo en orden?, En 72 horas vuelva.
Y fueron 3 días más de espera, mirando mapas, calculando recorridos, imaginando los paisajes y acordándome de la madre, de la abuela, la tía, y todos los parientes de la funcionaria del Registro Nacional de la Propiedad Automotor. Y fueron 3 días explicando a todo el mundo que todavía no me había ido.
Pero lo bueno es que el tiempo pasa y 3 días pasaron y allá fui a buscar mis papeles, con toda la predisposición de asesinar a esta mujer si me decía cualquier cosa que no fuera, Acá están sus papeles. Ya en la cola, nuevamente sentí la impotencia que tuvieran prioridad de atención los gestores, ellos llegaban y no importaban el orden de llegada, eran saludados gentilmente, por sus nombres de pila, le preguntaban por sus hijos, por sus mujeres o esposas, según fuera el caso, y obvio que todos sus papeles estaban en condiciones. La gestora que interrumpió mi turno no fue la excepción en cuanto a saludos y charla larga (éramos más de 10 en la cola) y sus papeles estaban sobre la mesa con la patente correspondiente por duplicado, y la cara de vinagre llena de sonrisas le dice que le faltaba una firma acá, una fecha acá y los datos del titular allá, datos que completó en mi presencia como si nada.
Ahí quería prender fuego el edificio entero, a mí por dos datos de mierda me dejan sin vacaciones por una semana y a la señora le entregan todos los papeles sin chistar, ahora me van a escuchar, ahora se arma, y miré de reojo al ropero con forma de policía que custodiaba, y llegó mi turno.
Tenía en la boca toda clase de improperios, mi lengua era un pozo negro que pensaba vaciar en la cara de esta malnacida, y que se metan en el culo los trescientos pesos de la transferencia, pero me iban a escuchar.
Acá están sus papeles señor.
Cri, cri. Cri, cri.
No salía del asombro, la miraba con odio y alegría, Firme acá por favor. Y salí con mi patente y Córdoba me esperaba.
Cargué todos los bolsos, los trastos, las frazadas, las sogas, las porquerías inimaginables y mi gata que me miraba y corría conmigo para todos lados y no entendía nada y me subí a la moto con desesperación y a las 12 y media ya estaba listo para salir.


Hoy miro las fotos y noto que hay cosas que por ser mi primer viaje no las tuve en cuenta, como la ropa, que no era la adecuada, que no tenía que cargar tantas cosas encima, que era peligroso, que una caída podía ser que me rompiera todos los huesos pero en ese momento no pensaba en seguridad, sólo en viajar y en sentir la ruta, errando se aprende.
Mi hijo daba vueltas alcanzándome alguna cosa, preguntando si llevaba esto, aquello, si la cámara estaba cargada, si quería llevar una botella de agua, dame que te saco unas fotos, tenía unas ganas de subirlo y llevarlo conmigo, pero era marzo y tenía que rendir algunas materias y no podía ser, pero algo me dice que ya tendremos otros viajes para hacer juntos.
De ahí a saludar a la vieja, que se deshizo en recomendaciones para que el nene se cuide, que no tome frío, que la llame cada vez que pueda y todo eso que uno sabe que va a escuchar y le digo todo que sí y la abrazo y la lleno de besos y a la ruta se ha dicho carajo.
Salí hacia el norte para evitar la ruta 19, desviaba unos 80 km pero evitaba los camiones, salía por Blas Parera con todo el tráfico del mediodía que en unos minutos iba a dejar atrás, y enseguida ruta 70 y sin parar pasé por Esperanza y seguí derecho y las mariposas que llenaban de amarillo un cielo hermoso y casi llegando a Rafaela me doy cuenta que no había anotado el kilometraje de salida. Para eso están las fotos ¿no?


3207 KM Y FALTABAN TANTOS…

Y ya se había ido al diablo el itinerario de recorrido por cada lugar, pero la primer parada seguía en firme, Balnearia, a orillas de la laguna de Mar Chiquita.
No había hecho ni cien kilómetros y ya me dolía todo, pero tenía una sonrisa de oreja a oreja, el primer pucho fue en Nueva Torino, en la rotonda de entrada, me parecía mentira estar ya de viaje, por fin, creo que la sensación de extrañeza me acompañó todo el viaje, como que la ubicuidad no andaba bien, miedo de que sólo fuera un sueño y tenía miedo de despertar, que apaguen el reloj!!!!



Todas las dudas todas en mi cabeza, mi primer viaje en moto, una moto que no conocía más que los pocos km que había hecho y las palabras de todos lo que decían, Vos sos loco, es una moto china, no se la va a aguantar, y mi tozudez de hierro, unas pocas herramientas, una tranquilidad un tanto idiota que me decía que de alguna manera todo iba a salir bien,
Cuando llegué a Coronel Fraga tuve que elegir, o seguía a la derecha o a la izquierda. El camino de la izquierda me llevaba a Mar Chiquita, el de la derecha me llevaba a Córdoba. El sol que ya se iba, mariposas amarilla por la izquierda, Mar Chiquita que me espere, será en otro viaje, otra aventura; vamos por Córdoba, y a correr al sol se ha dicho, y la noche que caía y yo que seguía en la ruta muy lejos de Córdoba.

Un cartel que decía Monte Cristo a 5 km, Córdoba 25 km, me indicó que era mejor pasar la noche en Monte Cristo que continuar viaje para llegar a las 9 de la noche sin saber siquiera si iba a encontrar un camping donde dormir, mejor era preguntar acá, Hola jefe, ¿sabe de algún camping donde pasar la noche? No, ni idea, ché vos sabés de alguno? Le preguntó al de al lado. Ni idea, me parece que no hay ninguno.
Houston, tenemos un problema.
Un flaco que paró en la estación de servicio donde yo paseaba mi cara de “ahora que hago” se acercó y me comentó de que él conocía a un flaco que conocía al encargado del polideportivo donde, si me iba temprano, iba a poder pasar la noche. No sabía cómo decirle gracias.
Tuve que acampar al lado de un salón donde ensayaba el grupo de trompetas, saxos, tubas, trombones y la reputa que los parió que costó dormirse esa noche, pero cualquier cosa era mejor que estar dando vueltas sin saber a dónde ir.
A la mañana siguiente el sol fuerte, otro día de calor. Y a armar todo el circo, una tarea que fue más que pesada durante todo el viaje, una hora y media para desarmar todo, una hora y media para armar todo un proceso largo y agotador y con el riesgo que, en alguien tan desordenado como yo, algo se pierda, pero la otra opción es un hotel y ando lejos de esos números y encima seguro que pierdo algo igual.

Acá una foto del polideportivo

A poco de andar ya se veían las primeras ondulaciones del terreno y Córdoba asomaba las orejas de sus edificios.

Y ahí nomás hice mi entrada triunfal a la autopista, esto dicho de manera muy irónica, porque mi entrada fue desparramar en todo el asfalto mis pertenencias que mal había sujetado a la moto, parecía un loco juntando cosas entre los autos.
Foto de esos momentos no hubo, pero creo que hasta yo me reiría de verlas.
Cuando até todo de vuelta a la moto, (ahí me enteré que mi vieja me iba a matar cuando viera en estado en el que quedó su bolso, lleno de raspones) la ruta que se había convertido en autopista, se convirtió en avenida, y la calle Armenia se me terminó en un río, había llegado a la costanera.








No te rías, nunca había visto un trolebús, lo corrí como diez cuadras hasta que lo alcancé y le pude sacar una foto.


Obvio que después me perdí y tuve que empezar a preguntar dónde carajo estaba.
La idea era pasar por unos mates por la casa de una amiga que vive en Mendiolaza, una localidad a unos 10 km de la capital, sólo tenía la dirección así que con un mapa y a buscar. Salí a la autopista y busqué algún cartel que me llevara a Villa Allende que era el pueblo anterior, cuando pasé el peaje doblé hacia la derecha y ahí ví por primera vez las famosas sierras cordobesas.




Antes de llegar a Villa Allende me paró la caminera y lejos estaba yo de molestarme, al contrario, si tuve que postergar mi viaje una semana porque no tenía todos los papeles, ahora que los tenía, lo único que me faltaba es que no me pararan ni una vez.
El que la pasó mál fue el que venía delante de mí que tuvo que pagar 160 pesos por no venir con las luces prendidas.

Y era hora de poner algo en la pancita, busqué un almacén y entré pensando en algo liviano para no estar pesado después, un yogur fue mi idea, pero las facturas me miraban mucho, y tuvieron que acompañar al yogur para que no se sienta solo. Este fue el paisaje que acompañó el desayuno.

Ya estaba a unos pocos km de Mendiolaza y mi amiga me contesta el mensaje diciendo que no iba a estar hasta las 3 de la tarde, no me quedaba otra que pasear.


Estos pasos llenos de árboles me encantaron, era capaz de ir y volver varias veces, era un nene chapaleando en el agua!




Esta era una mina de cal abandonada antes de llegar al dique.


Si yo no me sacaba una foto, ¿Quién me la sacaba?


Entrada a Unquillo, pero hasta ahí llegué porque se me hacía la hora de los amargos en lo de mi amiga.





A lo de mi amiga llegué después de dar vueltas como un condenado para encontrar la dirección de la casa, había entrado por el lado equivocado y tuve que esperar más instrucciones para encontrarla.
Amargos de rigor para decirme que estaba completamente loco para viajar en una moto, unos criollitos que estaban espectaculares, Joaquín (el hijo de ella) que encontró alguien con quien hablar de videojuegos, que el gta san andrea, que el vice city, que need for speed, y bueyes perdidos, mi amiga que no entendía ni media palabra, y más amargos, ¡cómo que no sabés por dónde vas a ir!, sacar el mapa, mirar, mirar de nuevo, todos eran caminos posibles, fotos a sus cactus y a seguir viaje…


Saludos muchos y recomendaciones que me cuide y que ni se me ocurra tomar por el cerro El Cuadrado que el camino estaba muy malo, que tome la ruta que es más seguro y de ahí a mi primer encuentro en serio con las sierras de Córdoba, el Dique de Río Ceballos, realmente una maravilla.




Tengo que hacer una selección de fotos de este viaje y esta es sin dudas una de ellas.









No me acuerdo cómo se llamaba, y sé que me dijo su nombre.
Algo hablamos, unos mates, un chau, suerte, ¿para dónde vas? No sé...
Era una rosarina que vivía por ahí que se llegaba hasta este lugar para leer un libro, algunos tienen un paraíso al alcance de la mano y lo saben aprovechar.
.

Y la tarde que iba cayendo, el poco de luz que quedaba me tenía que alcanzar para terminar de recorrer y encontrar un lugar donde tirar los huesos que ya pedían un colchón con urgencia, pero no podía parar la moto, ella seguía andando y yo sacando fotos.











Y la luna que iba ocupando el cielo, esperá, esperá un ratito, que quiero paseaaaar.

Y me fui para el otro lado del dique.

Y la noche me agarró algo lejos de la ciudad, busqué algún lugar donde acampar y no me fue muy bien, en uno de los lugares donde pregunté un tipo salió con un 38 a ver que es lo que yo quería, obvio que ni terminé de formular la pregunta que salí arando de ahí, el otro lugar era un camping muy exclusivo que me pidieron, eso sí, muy amablemente, unos 15 dólares para armar la carpa.
Obvio que los pagué, los 15 pesos que me pidieron en el camping que está en el pueblo, no es que sea amarrete pero se les fue la mano con 15 dólares.
Así quedó el rancho antes de desparramarme en el colchón.

A la mañana fui a estirar un poco las piernas y hacia el final del camping me encontré con el río, cuesta imaginar las crecidas, si te fijás bien, se pueden observar hasta qué altura sube el agua, no ví en vivo ninguna crecida pero debe ser impresionante, tiene la apariencia de ser bruscas y potentes.







Tercer día de viaje, armar todo arriba de la moto de nuevo, preparar unos mates, un ritual que dura una hora, hora y media, mirar el mapa y esa maravillosa sensación de libertad de no tener idea de para dónde salir, desinflar el colchón, dos mates, doblarlo, las varillas de la carpa, tres mates, algún perro que se pone a jugar conmigo, un mate, doblar la carpa, escuchar la radio, mensajes para todos, tres mates, doblar frazadas, comprar facturas, otro mate, mirar el mapa, subir los bártulos a la moto, más torta negra, otro mate, sol que sube, casco, lentes, auriculares, la moto regulando, atar esto con aquello, revolear la pata, poner la primera, ahí veo el equipo de mate que me olvidaba, a bajar, subir de nuevo,...
Era una locura, pero cómo lo extraño!!!!
Y había que salir para la ruta pero como el alma de contrera puede más que las recomendaciones, o a causa de, decidí que el cerro El Cuadrado era la mejor opción.



Y fue por estos caminos en los que caí en lo maravilloso de estar acá, de poder hacer lo que estaba haciendo, uno no viene de donde estas cosas te pasan todos los días, viene desde donde esto se consigue peleando como gato adentro de un tambor, y cuando con el tiempo vas recogiendo algunas cosas que sembrás, parece que todo tiene otro color, que todo está ahí para vos, y fue uno de los momentos que me voy a llevar en los bolsillos de la mortaja, un momento en el que me sentí feliz, muy feliz, y lo grité adentro del casco, lo grité hasta quedar ronco, y lloraba como hacía años que no lo hacía, lloraba de felicidad.